16 de agosto de 2007

Un Congreso defraudado

Pasados ya unos pocos meses de concluido el XXIII Congreso Nacional del Partido Comunista, es necesario detenerse a analizar lo ocurrido con sus resoluciones y puntos fuertes.

Lo más destacado de este torneo de la militancia comunista es el hecho de que gran parte de las células y organismos intermedios lograron realizar una rica e interesante discusión en torno a la necesidad de dotar al Partido Comunista de una política de real incidencia en la realidad nacional, con base en la potenciación del Juntos Podemos –entendido este como un referente en el que se conjugan puntos de acuerdo estratégico para la construcción de la alternativa antineoliberal-, con la tarea de identificar certeramente los centros neurálgicos del desarrollo de la lucha de clases como forma de concentrar allí esfuerzos principales en la construcción de la correlación de fuerzas que permitiese “CONQUISTAR UN GOBIERNO DEMOCRATICO Y DE JUSTICIA SOCIAL”, a pesar de que la realidad orgánica del partido, constatada durante el Congreso, es deplorable y muestra una rotunda disociación entre lo que se propone y la capacidad real de ejecutarlo.

Otro punto destacado fue la exigencia de una real política de formación de cuadros, una adecuada educación de los mismos y una vida celular que permita el actuar colectivo y creativo de cada uno de sus integrantes, como forma de potenciar la estructura y el frente de masas en el que se desempeña.

De alto interés para la militancia del Partido fue toda la discusión en torno a la Política Militar necesaria para la construcción de una correlación de fuerzas favorable al movimiento popular.


Contrabando de fondo


Lamentablemente, llegada la instancia nacional del XXIII Congreso, las resoluciones de las bases fueron disolviéndose en un lenguaje retórico que omitía toda la riqueza alcanzada, enmarcándola en los deseos de la Dirección del Partido y su línea política. Así es como, por ejemplo, en las resoluciones finales se afirma que “hemos aprobado, mayoritariamente, la Convocatoria al Congreso Nacional. Sus tesis políticas centrales, sus contenidos, sus propuestas”, cuando en realidad la Convocatoria fue en general mal evaluada en los congresos, si no totalmente rechazada, por su falta de análisis verdaderamente marxista y la tendencia a olvidar los aspectos estratégicos para resaltar elementos tácticos que avalan las magras políticas actuales.

Cuando el Congreso se proponía luchar “por una nueva Constitución Política para Chile y el establecimiento de una Asamblea Constituyente que elabore esa carta magna democrática y popular”, asumiendo el desafío de llegar al Bicentenario con esta meta, la redacción final antecede esta afirmación con un vago: “nos proponemos como objetivo central luchar para conquistar un gobierno democrático de nuevo tipo”.

Como corolario de todo esto, pasados estos meses, la centralidad de la política que la Dirección del Partido desarrolla está ligada a conseguir alguna pequeña transformación en el sistema electoral –no ya cambiarlo por uno democrático, pluralista y proporcional-, que de cómo resultado el poder elegir unos pocos diputados insertos en la misma institucionalidad existente y sin ningún desarrollo en la lucha de masas, que permitiría realmente desarticular la lógica de poder de la derecha y la Concertación.

De esta forma, el grupo de poder salió completamente ileso del debate, causando el consiguiente daño al partido, dejándolo sin capacidad de fortalecerse a través del cambio efectivo de cuadros en sus órganos dirigentes y la corrección de los defectos que lo mantienen a una orilla del camino de la historia.

Aun más, se ha desechado al Juntos Podemos Más contraponiéndolo a la figura del Parlamento Social y Político, compuesto este último por una parte del JPM y “figuras” concertacionistas. Todo esto para centrar la lucha en el cambio del sistema electoral, cosa que no necesita de lucha de masas, si no de acuerdos cupulares que se pueden llevar a cabo sin la participación del pueblo y, ojalá, sin las movilizaciones sectoriales que “molestado” en el primer período del gobierno de Bachelet. Recordemos que nuestra primera alianza es con y desde la clase trabajadora, que todo lo que hemos involucionado desde principios de los ’90 hoy se agrava con la construcción de esta especie de “bomberos” del sistema, que ayuda a superar las crisis de la Concertación y aplaca los ánimos de las masas en pos de un incierto acuerdo por variar mínimamente el sistema electoral –lo que incluso a creado “peleas a cuchillazo limpio” para ver quien se quedaría con estos sillones parlamentarios que ni siquiera tienen asegurado. De todas formas hay que estar alertas, pues de no realizarse el proyecto que se limosnea a la derecha y la Concertación, están dispuestos incluso a inscribirse en un subpacto con esta última para no perder la oportunidad.

Si de verdad se pretendiera apuntar a los objetivos de fondo que definieron las bases partidarias, es imposible dejar de lado la lucha central de cambiar la institucionalidad política pinochetista, base estructural de sustento del modelo económico, social y político excluyente. Como esto no aparece, tampoco se desarrolla la tan pedida educación de cuadros y menos una política militar seria y colectiva. La primera se traduce en charlas o “escuelas” de poca profundidad ideológica –o hasta definitivamente deformadoras-, mientras la segunda insiste en crear algunos grupos de escolta para los dirigentes y una tenue línea de autodefensa de masas, dejando de lado aspectos centrales en la definición de lo que debería ser este ámbito para un verdadero partido revolucionario.


Ausencia de lo militar


Lo ocurrido con el MPMR, es una repetición en el tiempo y en otro contexto de lo ocurrido con el Frente, donde imperan las tres visiones –por no decir tendencias o corrientes- que operan en el Partido. Unos, aquellos de posiciones claramente socialdemócratas, están por que se desarrolle todo lo relacionado con lo militar lo más alejado del Partido y les basta con mandar representantes, ir a sus actos y apoyar todo lo que se hace fuera de las filas, precisamente para no impulsarlo al interior del partido, con la excusa de que puede poner dificultades en el desarrollo de “nuestra política”.

Otros, aun cuando provienen en más de un 90% del Partido, creen que este ya no es necesario para avanzar en la lucha y que son los llamados a conducir el movimiento, con escasa o ninguna ligazón con la clase obrera, la única que puede garantizar verdaderos avances por cambios revolucionarios en nuestro país.

Los otros, la mayoría del Partido, sufren al ver que se le van nuevamente hijos nacidos y formados en sus filas, mientras sienten que su dirección desde hace mucho tiempo que no los representa.

La ausencia de dicha política integral se refleja en hechos como el que provoca el alejamiento de muchos compañeros que integran el Movimiento Patriótico Manuel Rodríguez, a quienes se les fue dejando “sin sal ni agua” de manera paulatina, cortando vínculos y atenciones hasta ponerlos contra la pared: “o están allá o se devuelven al partido”. Cosa que, lastimosamente, hizo uno de los miembros de la dirección nacional del MPMR, afirmando que no podía dejar de recibir su “estipendio”. El hoy miembro de nuestro Comité Central, César Quiroz, elegido sin que el Partido ni los delegados al congreso conocieran este hecho, por estos días recibe un reconocimiento por parte de los Jóvenes Comunista (Ver El Siglo Nº 1348) cuando jamás fue integrante del FPMR, puesto que su relación con el Rodriguismo comienza cuando participa en el MPMR.

Por otra parte, la Dirección –con Guillermo Teillier y Lautaro Carmona a la cabeza- le ha dado todo su respaldo a la denominada “Corporación de ex Combatientes”, que nace tras algunos objetivos loables, por carencias y falta de preocupación partidaria con los cuadros formados en el terreno militar, y en la cual participan destacados y honestos compañeros, pero que, entre otras cosas, se plantea conseguir recursos –incluso del Estado- para aquellos compañeros que quedaron en malas condiciones en lo social, educacional y económico.

Los compañeros se merecen eso y mucho más. Pero esto generara nuevos flancos de debilidades y esos compañeros se estarán autoneutralizando.

Para aquellos que crean que esta lucha termino, o quieren ser “Ex” combatientes, jubilados o en retiro, esto no importará. Sin embargo, para aquellos que sufren con los problemas diarios de nuestro pueblo, esto no puede ser. Tal como lo dijo el general Harry Villegas (“Pombo”) en el reciente acto que se usó para la presentación de dicha “Corporación”, nunca se puede ser “ex”, como lo confirma la Asociación de Combatientes de la Revolución Cubana que preside, donde hoy se incluyen los médicos y profesores cubanos que realizan tareas internacionalistas.

Existe, además, la solicitud de llenar un vitae para solicitar títulos u homologación de títulos. Entre los antecedentes solicitados están los que nadie puede solicitar para este objetivo, pues se piden todos sus datos, incluidos los secretos, sus grados, sus misiones y especializaciones, chapas, etc. Solicitamos a los compañeros que lo piensen y no entreguen estos antecedentes, pues no nos cabe duda que terminarán en el Ministerio del Interior. Mejor trabajo para el enemigo imposible. Para la homologación o títulos están todos sus datos donde ustedes estudiaron y trabajaron. Esto no es necesario.

Entendemos todo esto como un paso mas en el desmantelamiento, neutralización y aniquilamiento de todo lo que realmente tiene que ver con un desarrollo realmente serio de un trabajo militar, como parte integrante de nuestra política revolucionaria.

Estos problemas se solucionarán, cuando el conjunto del partido asuma en forma integral, partiendo por su dirección, una verdadera política revolucionaria, donde la política militar y el trabajo militar sea parte integrante de nuestra política. No tendríamos porque temer definirnos como un Partido “Marxista, Leninista, Rodriguista y Allendista”.


Sin transparencia ni democracia interna


Los delegados al congreso nacional en su mayoría, concurrieron esperanzados en producir los cambios que requiere nuestro partido para producir un salto cualitativo que pusiera a nuestra organización en el rumbo de la lucha social transformadora que requiere la clase obrera, en la lucha por el fin del modelo neoliberal y del sistema capitalista y la construcción del socialismo en nuestra patria. Pero durante el desarrollo del congreso en sus niveles regional y finalmente nacional, se comprobó que es imposible cambiar y corregir el rumbo del partido, como tampoco su estructura y la composición esencial de sus máximos organismos, salvo introducir modificaciones leves que no rectificarán la marcha defectuosa de la organización.

El Partido necesita un desarrollo real, esperanza que se había puesto en la Conferencia Nacional a desarrollarse este año, pero que ya se ve defraudada ante el reglamento ideado por la Dirección que permite la participación de dos delegados por regional, más el secretario político y delegados de acuerdo a la proporción de militantes de cada regional. Se deja de lado la idea de un evento democrático, que se desarrolle desde la célula, los sectoriales y los comunales, que son los espacios que realmente pueden conocer y determinar las necesidades de estructuración del Partido en sus respectivos frentes de masas.

En el ámbito de la democracia interna es mucho lo que se debe avanzar, pues si bien en el ámbito de las células, los sectoriales y comunales, e incluso en algunos regionales, se ha logrado que sean las bases las que elijan a sus direcciones, en la elección del Comité Central no se dan las condiciones mínimas que permitan una real representación.

Desde hace bastante tiempo se ha construido una mala forma de reproducir la misma dirección, no son pocos los que aparecen como sempiternos miembros del Comité Central, así como sucede con algunos que son funcionarios vitalicios, mientras se instala a otros pocos que serán el “natural” recambio que exigen los estatutos. Así fue como en este congreso, el discurso estalinista del encargado de Cuadros –que mostró el temor que tienen algunos de perder sus espacios de poder- dejó poco o ningún espacio para que los delegados se pronunciaran objetivamente en torno a quienes deseaban que fuesen parte del Comité Central. Así y todo, tuvieron que “modificar” algunas votaciones para que no quedaran fuera personajes tan desprestigiados como Guillermo Salinas y Francisco Huenante, que aparecen últimos entre los electos dejando fuera a dirigentes sindicales con base y de pelea. A pesar de esto, hoy el primero sigue formando parte de la Comisión Política y el segundo es el flamante Encargado Nacional de Propaganda.

Juan Gajardo, quien era y sigue siendo encargado nacional de cuadros, apuntó en lo fundamental de su discurso a asegurar que los delegados aprobaran la prelación según la lista propuesta por la dirección “saliente”, que siguió siendo fundamentalmente la misma, con muy escasos e irrelevantes cambios. En los cargos fundamentales continúan las mismas personas.

Más aún, el encargado de cuadros denunció y criticó la existencia de nuestro boletín, al que calificó de apócrifo y también denunció y criticó la tendencia expresada en numerosos congresos comunales y regionales, relativa a votar la prelación de abajo hacia arriba, conductas que calificó de intento por transformar a la organización en un partido de tendencias.

Las emprendió también contra las proposiciones de cuadros hechas por congresos comunales fuera de la prelación presentada por las direcciones salientes, con acusaciones infundadas, pero de suma gravedad, en contra de compañeros de la Octava Región y del Comunal de Puente Alto, pese a que el derecho de cada congreso a proponer cuadros además de los contemplados en las prelaciones elaboradas por las direcciones salientes y los organismos superiores está presente en los estatutos, el encargado de cuadros las presentó como parte de las tentativas por fragmentar al partido en tendencias. Pese a todo, se agregaron unos doce nombres a la lista oficial.

El informe de la comisión revisora de cuentas no aportó nada. El compañero Patricio Palma que fue el relator, sólo ofreció generalidades, como el monto de los gastos mensuales del partido para funcionar, contrastado con los escasos recursos que se obtiene por vía de las cotizaciones y otras actividades que no fueron identificadas. Se informó que el monto de las devoluciones por concepto de los bienes usurpados por la dictadura, ascendía a 6.000 millones de pesos, pagaderos en forma diferida. Pero no se informó qué se estaba haciendo con esos recursos. Sólo se dijo que en algunos casos se había liquidado parte de los vales vista, para cubrir el déficit entre gasto y cotizaciones.

Se mencionó muy superficialmente la existencia de algunas operaciones comerciales, sin entrar en detalle. Todo se inició con el anuncio del compañero Palma, de que si alguien esperaba que se destapara algún escándalo por el descubrimiento de irregularidades, lamentaban decepcionarlo, porque no habían encontrado ninguna irregularidad o anomalía. Por tanto todo estaba correcto en las cuentas de la dirección del partido.

El informe sólo agregó que el destino de una parte importante de los recursos devueltos no se podía informar, porque formaban parte de proyectos reservados estratégicos de la dirección. No dijo nada más. Es decir, lo que suceda con las finanzas del partido es sólo materia apta para un selecto grupo de compañeros que nos garantizarán que las cosas se harán perfectamente bien en cuanto a administrar los fondos. Es decir que los delegados al congreso nacional y el conjunto del partido sólo deben conocer una parte de lo que sucede con las finanzas partidarias, porque el todo es materia exclusiva de un selecto grupo de cuadros.

Para numerosos delegados a los congresos comunales, regionales y nacional, quedó en evidencia que la realización del congreso nacional fue, por sobre todo, un acto ritual, en que se hicieron muchas críticas y observaciones al desempeño de los máximos órganos de dirección de nuestro partido, a pesar de las cuales nada cambió en lo sustancial. En muchos lugares la disconformidad con la composición de algunas direcciones y en especial con la inamovilidad de
algunos integrantes de la Comisión Política , se ha ido fortaleciendo. Esta situación se ve tornando crítica, porque es el resultado de la enorme falta de democracia interna alimentada por hábitos militantes contrarios a la reflexión colectiva, ya que aún cuando los militantes disintamos de lo que dicen nuestros dirigentes, no somos capaces de enfrentarlos abiertamente, salvo en cuestiones menores que no afectaron la realización del “plan” para la realización del congreso. O cuando se levantan voces aisladas divergentes del discurso oficial, muchos no se suman a ellas aunque quieran, porque impera una cultura del monolitismo mal entendido, mediante el cual se otorga el valor de irrefutable a los argumentos de los principales dirigentes, quienes también lo consideran así. No es lo mismo “Unidad de Acción” que “Unidad de Pensamiento”, lo primero sólo surge de una amplia y profunda discusión que permita todas las opiniones y construya, desde esta base, el actuar unitario de un colectivo conciente.

Todo el mundo coincidió en que el tiempo para discutir fue muy escaso, salvo en las células, donde realmente hubo debate. Pero desde los congresos comunales hacia arriba, las resoluciones de las células fueron pasando filtradas hasta desaparecer, salvo aquellos puntos, como la Asamblea Constituyente o la política militar, que se hicieron sentir con fuerza y se abrieron paso hasta el fin del congreso, pero suavizados respecto a lo propuesto originalmente desde la base. La muestra más contundente de la falta de discusión fue el que los delegados al congreso nacional contaran con nueve minutos en total para intervenir sobre todos los temas en debate, algo completamente imposible.

Otro factor importante que marca la falta de democracia interna, es la definición de quines son partido y quienes no. “Lo dijo el Partido”, escuchamos con frecuencia, cuando se nos informa de una orientación emitida por la Comisión Política. Como si los otros militantes fuéramos ajenos a la organización y el partido que toma las decisiones se circunscribiera exclusivamente a un pequeño grupo de dirigentes. Esta deformación monstruosa del centralismo democrático, nada tiene que ver con la construcción del partido de nuevo tipo del que hablaba Lenin. Más aún, Lenin
escribió el “Qué Hacer” y delineó el carácter y forma del partido revolucionario en el contexto de la Rusia zarista de 1901-1902 y por tanto necesariamente hay elementos históricos que han propiciado otro contexto general. Vivimos otro momento del imperialismo y del sistema capitalista, que no niega la existencia de la lucha de clases –todo lo contrario-, pero en que las formas de la lucha social son inmensamente ricas y complejas, después de dos guerras mundiales, el desplome de los países socialistas de Europa del este, la presencia ejemplar de Cuba revolucionaria y el surgimiento en nuestro continente de una ola de movimientos populares y procesos como el bolivariano en Venezuela, el gobierno de Evo Morales y el MAS en Bolivia, el proceso ecuatoriano, después de experimentar la revolución sandinista en Nicaragua durante los años 80. También existe la experiencia colombiana que vive una guerra en que las fuerzas revolucionarias parecen avanzar inevitablemente a la victoria, incluyendo la aplicación de formas de lucha no sólo armadas o dicho de otro modo, empleando todas las formas de lucha.

No se trata de construir un partido sin disciplina, sino de hacerlo en base a una elaboración auténticamente colectiva, que haga identificarse a cada militante con las resoluciones adoptadas, de modo que a nadie le resulten ajenas.

No podemos permitir que prevalezca el sistema de orden y mando, que incluso no fue en dictadura tan excluyente como hoy, de las visiones e ideas diferentes a las de la Comisión Política. Bajo el principio de la unidad de acción se sepulta el debate real y las legítimas diferencias de muchos con la Comisión Política, como sucede por ejemplo respecto al tratamiento dado al Juntos Podemos.

La Dirección continúa inhibiendo la participación del Partido, mientras se supone que lucha contra la exclusión y por la democracia. Lo mismo pasa con los trabajadores en diversos espacios vinculados al Partido, como en la Universidad ARCIS, el ICAL, Radio Nuevo Mundo y El Siglo, donde se ha procedido a despedir a los trabajadores sin respetarles ningún derecho, lo que ha llevado -en el caso del periódico- a la conformación de un sindicato que defienda estos derechos.

Es importante observar el hecho de que todos los partidos comunistas que han virado hacia el centro y la socialdemocracia, como en Europa, lo primero que han hechos es deshacerse de sus medios de comunicación, y las crisis que vemos en la Radio y El Siglo parecen apuntar intencionadamente a sus respectivos cierres. El ejemplo de lo ocurrido por estos días en Francia es decidor al respecto.

Los movimientos revolucionarios y entre ellos el movimiento comunista internacional, han hecho un extenso recorrido histórico, que debiera echar luz sobre nuestros pasos y contribuir a la más acertada interpretación de la realidad nacional y de nuestro papel en ella, de manera que podamos superar la grave situación orgánica y política que domina al partido a pesar de la realización del XXIII Congreso. El partido somos todos y en él no debe imperar un sistema que disponga grupos que mandan y otros que obedecen solamente. No puede ser beneficiosa para la revolución una organización en que unos pocos intentan pensar por la mayoría. La corrección de esta tendencia tiene incluso que ver con el tipo de sociedad que aspiramos a construir en nuestro país.

La porfiada realidad y el desafío


Por estos días, al calor de las luchas de los trabajadores del subcontrato en las forestales y el cobre, de las manifestaciones de los deudores habitacionales y pobladores, de la corrupción interna de los bloques en el poder y de los fracasos del gobierno en las esferas del transporte colectivo, la educación, la previsión y otras áreas, la respuesta del modelo es la represión, es el aumento de la injerencia de los empresarios y la mantención de una política internacional
sometida a las órdenes del imperio (como se ve en el plano de las relaciones con el resto de América Latina).

Frente a esta realidad, acompañada de datos como el 12% que adjudica Adimark al Juntos Podemos (que no es atribuible a ninguna de las partes por separado), en detrimento del porcentaje que obtenía la Concertación , es necesario que el Partido asuma integralmente las resoluciones del XXIII Congreso, poniendo como actor principal al pueblo y los trabajadores, construyendo con ellos la alternativa antineoliberal, muchos de cuyos contenidos ya se encuentran incluidos en el programa del Juntos Podemos, y centrando los esfuerzos en la imposición de una Asamblea Constituyente que dote a Chile de una nueva Constitución Política, una que deje atrás todo atisbo de antidemocracia, de pinochetismo y de apuntalamiento del modelo neoliberal.

Requerimos desarrollar una correlación de fuerzas social, política y militar que haga inevitables estos cambios, que lleve a nuestro pueblo a construir una verdadera democracia, la que hoy más que nunca es camino real hacia el Socialismo y la sociedad Comunista que aspiramos a construir.

Necesitamos un Partido de Clase, comprometido con las luchas de los trabajadores y del pueblo, y dispuesto a llevar adelante la revolución necesaria para construir un país justo y para todos. No podemos aceptar que la Dirección nos ponga por un camino distinto de las condiciones objetivas que, casi instintivamente, han ido construyendo los movimientos sociales. Para eso debemos cada uno batallar desde todos los espacios del Partido, desde el movimiento social, sindical y político, haciendo saltar los candados que aprisionan a nuestro pueblo y a los honestos militantes revolucionarios.

Con Recabarren, Neruda, Víctor Díaz y Gladis Marín: ¡A construir alternativa antineoliberal!.

En el Bicentenario: ¡Asamblea Constituyente para una nueva Constitución para Chile!

Equipo de Redacción

Revista Principios

Mayo, 2007.

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