15 de agosto de 2007

En medio del XXIII Congreso

En un sucinto análisis de las discusiones de un gran número de Congresos de Célula, podemos vislumbrar que los énfasis se han puesto en tres aspectos centrales de la Convocatoria entregada por el Comité Central de nuestro Partido. Estos son: Desafío de construcción de la correlación
de fuerza que permita conquistar un gobierno de nuevo tipo; la Contradicción principal del Período y la Política de Alianzas. En esta dirección hacemos el siguiente aporte a la discusión fraternal que se plantea en nuestro Partido.

Acerca de la Convocatoria al XXIII Congreso del Partido Comunista

El modelo neoliberal vigente, es la aplicación del liberalismo burgués acuñado en el siglo XIX en Inglaterra, en el contexto del dominio imperialista unipolar. En tanto expresión del sistema capitalista, se basa en la producción de plusvalía.
Esta es y será definitivamente, la principal fuente de su desarrollo y para asegurar el funcionamiento de esta regularidad, todo el aparato del estado –como históricamente ha sido en las sociedades divididas en clases antagónicas- actúa al servicio de ello.
Explotadores y explotados existen hoy bajo condiciones formalmente nuevas. La tendencia a
renovar el lenguaje de las organizaciones revolucionarias, retiró de circulación el concepto de proletariado, como si éste hubiera dejado de existir.

Sin embargo sigue existiendo en tanto existe una masa social desposeída de medios de producción que cuenta sólo con su fuerza de trabajo para vender y obtener los recursos para vivir.

Pero este proletariado moderno ha sido fragmentado y enmascarado por medio de múltiples “creaciones” del capitalismo en los últimos 25 años. Entre ellas, el sistema de tercerización en la producción de bienes y servicios. La imposición del sistema de subcontrataciones.

Se ha tratado de crear la ficción de que la producción de bienes y servicios dejó de ser fruto de grandes grupos de trabajadores. Es decir, que la producción habría perdido su siempre creciente carácter social. Pero si revisamos las cifras de la economía mundial y particularmente nacional, la masa de plusvalía que se genera bajo el modelo neoliberal involucra el esfuerzo de cientos de miles y de millones de trabajadores, que intervienen en los procesos productivos y prestaciones
de servicios. Pero la ilusión óptica generada por la tercerización y la alta tecnología, impide muchas veces distinguir esta realidad.

El desarrollo tecnológico no ha hecho más que incrementar el desarrollo de las fuerzas productivas y aumentar con ello la agudización de la contradicción fundamental del capitalismo, entre fuerzas productivas que se desarrollan aceleradamente y relaciones de producción que permanecen estancadas e incluso retroceden.

Estas condiciones objetivas incrementan la necesidad de un salto revolucionario que supere esa contradicción expresada hoy de modo más agudo, pero morigerada por la aparente inexistencia de un proletariado real. La cuestión es cuándo y cómo este proletariado dejará de ser una clase en sí, para transformarse en clase para sí. Es decir, cuando y como adquirirá conciencia de su condición de clase fundamental para la subsistencia del modelo –y del sistema-, y de su capacidad como fuerza motora para la transformación revolucionaria de la sociedad.

La respuesta pasa por el hecho de que la conciencia del proletariado no surge de manera espontánea. Este necesita recorrer un camino de luchas práctico por sus demandas más sentidas y por sobre todo, contar con un partido, su propio partido de clase, el que debe desarrollar esa conciencia superior.

En la lucha histórica de la clase obrera se enfrentan dos fuerzas desiguales, por un lado las clases dominantes que constituyen una minoría poderosa, dueña de un inmenso poder económico, político y militar, dueña de la gran mayoría de los medios de comunicación, teniendo además todo el poderío y recursos del estado para ejercer su dominación. Y por otro lado las clases y grupos dominados que constituyen la inmensa mayoría de explotados, desposeídos y oprimidos, que tienen como única herramienta la organización y su conciencia revolucionaria.

Pero la clase obrera no logra en forma espontánea una organización y una conciencia revolucionaria, ella es fruto de largos años de lucha desde antes de Recabarren a la fecha. Es a través de este aprendizaje en la lucha, es que la clase obrera adquiere la experiencia y el conocimiento de la teoría revolucionaria, que le indica que no basta con la lucha reivindicativa, que no basta con organizarse en sindicatos, que no basta con hacer huelgas, sino que es necesario eliminar la explotación implantando un régimen social nuevo, donde cada ser humano tenga las mismas posibilidades de desarrollo.

Para poder eliminar la explotación y construir una sociedad mas justa, el proletariado se ve obligado entonces a arrebatarles el poder a las clases dominantes empeñadas en mantener la vieja sociedad.

Esta situación es la que hace necesario que la clase obrera se organice en forma tal, que pueda conducir la lucha hasta la victoria final; Al decir de Lenin: “La lucha de clases debe ser concebida como una guerra; en ella el proletariado solo podrá triunfar, si sus sectores mas avanzados logran darse una organización parecida a la de un ejercito, capaz de movilizar en forma inteligente y disciplinada a las grandes masas proletarias contra sus explotadores”.

Es en este contexto que nace el Partido Comunista, un partido de clase, que tiene como objetivo estratégico la toma del poder y la construcción de una sociedad socialista en Chile.

Por lo tanto tomando en cuenta y sin perder jamás de vista el objetivo estratégico final, se deben determinar los objetivos estratégicos parciales que correspondan a cada periodo, manteniendo siempre una estrecha relación entre el objetivo final y los objetivos parciales. El no tener en cuenta continuamente el objetivo final, puede significar sumergirse en problemas secundarios y entregar el triunfo al enemigo.

Identificación del motor de los cambios

El proletariado de nuestro país tiene una historia de lucha que propicia las condiciones para no empezar de cero en la recuperación y actualización de su conciencia revolucionaria. Por el contrario, las múltiples movilizaciones registradas bajo los gobiernos de la Concertación, precedidas de la ejemplar lucha contra la dictadura, señalan la posibilidad de producir un vuelco en la tendencia inmovilista y paralizante, propiciada por el ejercicio del diálogo conciliador (en el
sentido de la conciliación de clases antagónicas), alimentado por la emergente cultura de las mesas de diálogo para cualquier cosa.

No podemos estar en contra de dialogar en general, pero el diálogo supone respeto efectivo entre las partes y no que una lo asuma para ganar tiempo y facilitar sus propias maniobras en perjuicio de la otra. El ejercicio del diálogo fue envilecido por los grupos de poder. Pero además, el desarrollo de un diálogo beneficioso para las clases populares, sólo puede producirse cuando estas cuentan con un determinado grado de fuerza, expresado en su capacidad de lucha. Ejemplo de ello fue la reciente movilización de los estudiantes secundarios, la huelga de los mineros de Escondida y otros que lamentablemente no son tantos como debieran.

Para el Partido es necesario identificar del modo más preciso posible a los grupos de trabajadores que producen la mayor masa de plusvalía dentro del país, tanto para la economía nacional, como para las economías transnacionalizadas. Esto independientemente de que estos grupos trabajen a las órdenes de empresas contratistas, dentro de grandes empresas o incluso como microempresarios.

Entre los principales debiera contarse a los trabajadores de las empresas que extraen y procesan cobre y otros minerales; los trabajadores forestales y de la industria maderera; los trabajadores de las empresas salmoneras. Entre ellos se encuentran los trabajadores contratados por las respectivas empresas de cada rubro, pero también se encuentra una importante masa de subcontratados y también temporeros. A todos ellos se debe agregar la masa de 600.000 cesantes, que representa el Ejército de Mano de Obra de Reserva, que hace posible la existencia consolidada de una oferta de abundante mano de obra en el mercado laboral, lo que permite mantener los salarios a la baja.

No podemos seguir reproduciendo el error de conceder carácter de clase a grupos sociales que aún cuando sean importantes, no son fundamentales para la reproducción del modelo. Todos aquellos grupos deberán ser considerados por cierto, en la política de alianzas que debe llevar adelante el proletariado y probablemente sus luchas incrementen las condiciones generales para la lucha revolucionaria, pero la definición estratégica debe basarse en las clases que son fundamentales para que funcione el modelo y sea viable, pero que además son portadoras de un nuevo orden social por el lugar que ocupan en la producción de la riqueza y la forma asociada en que lo hacen, aún cuando se trate de una multitud orgánicamente atomizada por la tercerización, repartida en miles de empresas reales y de papel, porque el resultado es de todas formas un esfuerzo productivo asociado y sólo aparentemente dividido. Tal parece ser la forma de existencia del proletariado en este Chile del Siglo XXI.

El rol de la CUT

En este contexto, debe ser revisada profundamente la actuación de la CUT desde su refundación y especialmente en los últimos años. Allí debemos cambiar cuestiones fundamentales. La enrome cercanía de la central con La Moneda ha causado un severo menoscabo a su capacidad combativa. De esta manera ha pasado de ser un instrumento que debiera estar al servicio de la lucha liberadora de los trabajadores y específicamente del proletariado, a un instrumento de conciliación. La CUT se ha convertido en un organismo “gobiernero”, en cuyo interior germinan diversas formas y grados de corrupción. Lo poco que ha realizado hasta ahora la CUT, sólo ha servido para justificar su existencia casi como una institución más del sistema.

Es necesario examinar esto profundamente y si es necesario, promover una nueva refundación del organismo. Pero si no resultara posible, debe considerarse que el proletariado del país necesita una organización sindical que lo aglutine nacionalmente, para luchar de manera efectiva por sus derechos y demandas, pero que por sobre todo debe tener como perspectiva la acción transformadora de la sociedad impulsada por los trabajadores encabezados por el proletariado.

Táctica y estrategia

La elaboración de la estrategia supone el análisis de las clases que componen la sociedad chilena actual; esto significa que antes de proponernos el tipo de alianzas de clases que va a permitir a la clase obrera la toma del poder, tenemos que determinar la estructura de clases de la sociedad, la tendencia del desarrollo de la lucha de estas clases y las condiciones internacionales en que esta se desarrolla.

Deben ser considerados factores como: La situación de dominación o dependencia del país dentro del sistema de globalización del imperialismo, el grado de concentración económica, el peso relativo de las clases dominadas, las contradicciones principales entre las clases dominantes y las dominadas, y las contradicciones al interior de cada una de ellas.

Todos estos elementos le permitirán al partido determinar mas o menos acertadamente, cual es el enemigo de clase principal, cuales son las clases revolucionarias y cual de entre ellas es la clase dominante o dirigente del proceso revolucionario, cuales son las clases intermedias que deben ser neutralizadas de la influencia de las clases dominantes y que puedan ser en determinados momentos, aliados eventuales de la clase obrera.

A la luz de estos elementos técnicos de la teoría marxista, reflexionemos sobre la convocatoria al XXIII Congreso Nacional del Partido. El objetivo estratégico final se menciona de pasada en forma muy difusa en el capitulo 9, que lleva por titulo “Los trabajadores sujeto principal de la convergencia” y dice como sigue: “No existe contradicción entre los objetivos del periodo y nuestra concepción socialista de la sociedad” y mas adelante se plantea como “objetivo histórico”, no la toma del poder y la construcción de una sociedad socialista sino “La Revolución Democrática” que es claramente la línea política para un periodo.

La lucha cotidiana no nos puede llevar al abandono de los objetivos estratégicos por cuestiones inmediatas, esto conduce a una lucha sin sentido revolucionario, que sacrifica el avance revolucionario por las conquistas del presente.

La reducción de la estrategia a las cuestiones tácticas, lleva inevitablemente al reformismo; es común en este tipo de desviaciones buscar apoyo en sectores de las clases dominantes, ya que la visión inmediatista siempre lleva a subestimar las potencialidades de lucha de las clases revolucionarias.

Esto puede vislumbrarse en las decisiones en torno a la falsa superación del PODEMOS, aliados con los que se construyó un programa de gobierno, mediante la constitución de una especie de Parlamento Social y Político que, siendo más amplio en su conformación, une a sectores y personas con diferencias mayores.

Es cierto que puede resultar un avance el fin del binominalismo, alguna reforma al sistema provisional, laboral o educacional, pero en ese paso táctico en el que se confluye con nuevos sectores no debe desecharse lo avanzado en encuentros estratégicos con aquellos con los cuales es mucho más lo que nos une.

Con respecto a las clases sociales que componen la sociedad chilena, la convocatoria define la contradicción principal del periodo aún vigente que es entre “Neoliberalismo y Democracia”, no está claramente establecido cuales son las clases y capas sociales que sustentan el modelo neoliberal, cuales son las clases y capas sociales que se oponen o que potencialmente podrían oponerse al sistema neoliberal.

Se define a los trabajadores como “Sujeto principal que generará las condiciones para la unidad que buscamos” no estableciendo claramente que capa o segmento de los trabajadores es el dominante o dirigente sobre el cual deberíamos centrar nuestros esfuerzos. Debemos considerar también que el deterioro, causado por el Neoliberalismo y la represión, en la conciencia de los trabajadores ha sido tal que hoy podemos hablar de la existencia de un resentimiento de clase más que de una conciencia de clase. Así mismo, la existencia de un gran sector de desregulados, cesantes y marginados, impide formular modos tradicionales para su organización.

Nuestra estrategia debe ser confirmada de acuerdo a la concepción marxista leninista: la conquista del poder por el pueblo encabezado por el proletariado, para construir el socialismo y posteriormente la sociedad sin clases, el comunismo.

La Revolución Democrática, debe representar un eslabón de una cadena de transformaciones en la marcha hacia la revolución socialista, que debe consistir de acuerdo al ideario marxista, en agotar los marcos de la democracia burguesa imperante, llevándolos a sus extremos, hasta pasar a una democracia superior, la democracia socialista.

Por eso es fundamental que la Revolución Democrática promueva inicialmente la instauración de una democracia participativa. Cuanto más participativa e integradora, debe buscar soluciones a las principales demandas de amplios sectores de la sociedad, frente a requerimientos vitales como: trabajo, salario justo, previsión justa y digna, salud de calidad y gratuita para todos, vivienda digna para todos.

La Revolución Democrática, junto con instaurar una nueva constitución, debe dictar nuevos códigos de justicia: penal, civil, tributario, laboral y militar, así como un nuevo código orgánico de tribunales, para hacer una verdadera reforma judicial.

Debe también transformar el poder legislativo y las normas que lo rigen. Se debiera propender a un sistema unicameral, una especie de Asamblea Nacional Legislativa.

La nueva constitución deberá garantizar el aprovechamiento y goce de las riquezas del país y sus frutos principalmente a sus habitantes.

Deberán ser anuladas todas las privatizaciones de empresas del Estado, consumadas durante la dictadura y revisarse todas las realizadas por los gobiernos de la Concertación.

En una primera etapa, deberá elevarse el papel del Estado en la gestión productiva y financiera nacional, hasta que alcance un papel superior en el control y promoción del desarrollo nacional.

Para hacer realidad la Revolución Democrática, debe llevarse adelante la más vasta movilización y ruptura con el modelo neoliberal y la institucionalidad heredada de la dictadura. Ruptura y desestabilización del modelo de dominación vigente. Sin conciliar.

En tal sentido la lucha electoral debe servir para una efectiva acumulación de fuerzas y no para negociar pequeñas prebendas con el sistema. La presencia de los comunistas en el parlamento debe ser resultado de la movilización de vastos sectores que así lo demanden, pero no debe ser condicionada a respetar las reglas del juego establecidos por una constitución espuria.

Antes que eso, es tarea fundamental de la Revolución Democrática, la instalación de un Asamblea Constituyente que elabore una nueva constitución para reemplazar la actual. Chile necesita una nueva constitución y no que se remiende la heredada de la dictadura, que fue hecha a la medida de los más abyectos intereses de las clases explotadoras nacionales y extranjeras, para asegurarles el saqueo total del país y la explotación más aguda de sus trabajadores.

Todo perfeccionamiento de la institucionalidad democrático burguesa en vigencia, como la corrección del sistema electoral, contribuye a otorgar estabilidad y gobernabilidad al sistema de dominación y al modelo neoliberal.

Lo anterior no niega que ocupemos los espacios y tribunas existentes, porque forman parte de conquistas del pueblo que peleó contra la dictadura.

Representan en última instancia válvulas de escape abiertas por quienes administran el modelo, para proporcionarle cierta estabilidad. La cuestión es si esos espacios y válvulas abiertas permiten al movimiento popular agotar sus márgenes y resquebrajar la institucionalidad de arriba abajo.

La existencia de parlamentarios comunistas no debiera constituir un fin de nuestra organización y en tal sentido ningún parlamentario debería aferrarse al sillón que alcanzó en el Congreso Nacional, ni frenar la intensidad y profundidad de la movilización popular. Nuestros parlamentarios deben convertirse en líderes directos de vastos sectores del pueblo y en especial de los trabajadores.

El Trabajo Militar del Partido

La cuestión militar sigue siendo en la política del partido, mucho más que un talón de Aquiles, pues si nuestra definición estratégica se orienta hacia la conquista del poder para el pueblo y la transformación radical de la sociedad, el papel de la fuerza y la violencia se hace fuerte. No por una pasión violentista de los revolucionarios, sino porque la reacción, la burguesía y el imperialismo no cederán sus privilegios jamás en forma pacífica.

La cuestión militar debe comprender el desarrollo del conocimiento teórico y práctico sobre estrategia y táctica, por todo el partido. El papel de las FF.AA. actuales, su carácter y objetivos; su organización y características principales. El papel de la violencia en los procesos sociales, el conocimiento de la lucha armada regular e irregular.

Conocer la metodología militar

En lo práctico debe impulsar una labor permanente hacia las FF.AA. para captar simpatías y apoyo hacia la revolución, neutralizar a los elementos vacilantes y aislar a los reaccionarios. Debe considerar el estudio y desarrollo de una doctrina de defensa nacional distinta a la imperante.

También se debe desarrollar una labor de autodefensa a niveles partidario y de masas, la que debe proyectarse como componente de tareas militares mayores.

Junto a o anterior, debe elaborarse una planificación estratégica del desarrollo de fuerzas combativas del pueblo y desarrollar también diversas hipótesis de conflicto, respecto a las cuales construir reserva, una fuerza central y fuerzas territoriales. Junto a lo anterior deberán avanzar la planificación y realización de las misiones propias de los aseguramientos multilaterales.

La caracterización que hace la convocatoria de las FF.AA., reproduce los datos ofrecidos por la operación cosmética efectuada por éstas. El concepto manifiesto en la convocatoria, relativo a que la experiencia latinoamericana demuestra que éstas son permeables a las ideas de cambio, no se ajusta a las instituciones chilenas de la Defensa Nacional. La cantidad de efectivos implicados en violaciones a los DD.HH. que aún permanecen en servicio activo y sin ser procesados; la nula colaboración en las investigaciones judiciales sobre crímenes de lesa humanidad y por el contrario su obstrucción sistemática a dichas investigaciones; su estrecho compromiso con la dictadura, y por sobre todo, la preservación de su carácter de clase, confirman que las FF.AA. actuales no son otra cosa que el brazo armado del Estado burgués que preserva el modelo capitalista neoliberal.

Al respecto debemos hacernos cargo de que la denominación “Vacío Histórico”, constituye un eufemismo para encubrir algo mucho más grave. No puede tratarse sólo de una omisión infortunada, el dejar de hacer y preocuparnos por los contenidos militares de una política revolucionaria.

El abandono de ella es un crimen porque contribuye a fomentar la falsa premisa de que es posible transitar a una sociedad superior, que supere la dominación del Estado burgués en forma pacifica. De que es posible transitar gradualmente hacia esa sociedad superior, el socialismo y posteriormente al comunismo, sin padecer la represión y en última instancia, la más feroz resistencia de las clases dominantes y el imperialismo.

“Omitir” en los hechos el componente militar de nuestra política, es un abandono premeditado de una factor estratégico en la acción revolucionaria (Ver capítulo de libro de Carlos Toro publicado en El Siglo Nº 1313, del 8 de septiembre de 2006).

Construcción de un proyecto de mayorías

Necesitamos reflexionar en este Congreso sobre como los comunistas aportamos efectivamente al proceso de construcción unitaria de un proyecto político social de mayorías, alternativo a la aplicación del actual modelo.

En primer término tenemos que reconocer que la existencia de éste (el modelo), tiene su génesis en un proceso contrarevolucionario que tenía como objetivo, no sólo derrotar al gobierno de la UP y sus conquistas. Se instala en gran medida un proyecto “armónico”, que en lo económico, político, cultural e ideológico, logra instalar un avance sumiso a las políticas económicas desarrolladas por el imperialismo.

La desclasificación de los documentos de Santa Fé, muestra el plan global de dominación, que es el preámbulo a la caída del socialismo europeo. Esta derrota parcial del desarrollo progresista de la Humanidad, facilita las condiciones planteadas en este “plan global” del imperio. Nuestra Patria es parte de este “eslabón”. Nosotros tenemos grandes logros, sin duda, el carácter antiimperialista del Programa de gobierno de la UP. Una política económica que favorecía a la clase obrera, a amplios sectores medios, que incluso establecía como aliados a la propia burguesía criolla, que tenía contradicciones con la burguesía monopólica financiera y el imperialismo.

El Programa de la UP, en sus contenidos político-económicos, se afirma en un análisis Leninista del rol de la clase obrera y las contradicciones en las condiciones del desarrollo de la etapa imperialista.

Si bien fue así, no tuvimos la visión y aptitud de generar una correlación político-social de respaldo al proyecto revolucionario, existiendo inclusive condiciones muy favorables. Al examinar los contenidos programáticos del proyecto Tomic y el de la UP, apreciamos importantes analogías, en su carácter antiimperialista y anticapitalista. La política de clases implementada por el Partido en relación a la caracterización de la DC, como un partido pluriclasista, más la profunda lucha político-idelógica y el natural desarrollo de tendencias progresistas al interior de la DC y de otros sectores posibilitó el carácter análogo de ambos programas. (Es necesario un mayor estudio de este fenómeno político-social).

En síntesis, no fuimos capaces de aprovechar ese “potencial” y el enemigo de clase logra, paso a paso, influir con sus políticas en la DC y al “término” del gobierno popular, prácticamente estaban alineados y son inclusive sumisos a la generación del golpe. El punto es que siempre en política se plantea el fenómeno de quién influye a quién y en teoría, todo proceso se afianza en la medida que es capaz de generar una correlación política, social y militar, favorable a la revolución.

En el actual Programa del PC, se expresa claramente este concepto, en el capítulo de la Revolución Democrática.

“Queremos expresar que tenemos que observar, tres períodos históricos.

1.- Previo y durante el Gobierno Popular.

2.- Durante la lucha contra la dictadura

3.- Actualmente, en esta transición inconclusa, que hasta hoy no ha transitado a ninguna parte, sino sólo a profundizar el modelo.

En la lucha contra la dictadura, el desarrollo de nuestra política logra por primera vez instalar un elemento nuevo, pero no basta con una correlación político-social, es necesario avanzar a la construcción de una correlación militar. El vínculo dialéctico de lo político y militar logra un correlato “nuevo”. Apreciando hoy como fue el desarrollo del conjunto de nuestras capacidades, en lo político, social y militar, se logra influir en los acontecimientos, pero no los determinan, porque no logramos generar una correlación político, social y militar “suficiente” y que además no tuviera en su proyección estratégica solamente como objetivo la derrota de la dictadura evidentemente.

El “cambio” que se genera toca algunos aspectos mínimos y el imperialismo acelera este cambio, convence al propio mando e inclusive a Pinochet cuando le dicen: “usted no está en condiciones de garantizar ni su propia vida”. El Departamento de Estado advierte el peligro que se cierne efectivamente frente a la generación de una correlación política, social y militar de tal magnitud contra la dictadura y en la cual los trabajadores, el pueblo, la izquierda, el PC, nuestra fuerza propia, fuésemos el factor principal. Por lo tanto, esta transición pactada, desde el Departamento de Estado, ha jugado su papel.

Se repite nuevamente en el período de lucha contra la dictadura, la aplicación de una “ley”, ¿qué mayorías se logran?; quién influye a quién. Cómo logramos tener un proyecto estratégico que sea capaz de construir, paso a paso, una correlación favorable.

En el actual período nos parece que la consigna entregada a la discusión “A conquistar un gobierno democrático, nacional y de justicia social con unidad y lucha del pueblo”, conceptualmente es justa, pero políticamente es un espejismo, porque tiene como objetivo político o se afirma en una convergencia político social que no existe, que es una expresión comunicacional, más grave aún, que no tiene programa común.

Reconociendo que tiene coincidencias mínimas, agregando que hay un gran abismo entre lo dicho y la real voluntad de hacer. Aparecen firmando los partidos de la Concertación y, en la práctica, hasta hoy no se expresa en la voluntad de impulsar por ejemplo un llamado a plebiscitar cuestiones como la previsión, el sistema educacional, el binominalismo, etc.

Queremos expresar nuestra preocupación ante esta iniciativa “por arriba”, que relega a asegundo plano o casi ignora el rol del Podemos y su programa. Estamos de acuerdo que hay que construir una mayoría que sume efectivamente a los antineoliberales, e inclusive a todos los que afecte el modelo. El problema radica, en que con qué propuesta intentamos construir esta mayoría anhelada.

En este sentido rescatamos los contenidos programáticos partidarios aprobados en el XXII Congreso y el desarrollo unitario, que inclusive le dimos el carácter de una propuesta estratégica alternativa al modelo, nos referimos al programa del Podemos.

En la reciente jornada electoral, el rol que jugaron en la discusión política los contenidos del programa Podemos, logran hacer avanzar en el cuestionamiento a los problemas de fondo de nuestra sociedad. Pensamos que desde el Podemos y su Programa debemos avanzar paso a paso a la construcción de una mayoría que exija cambios verdaderos.

Sin desconocer que al interior del Podemos existen visiones sectarias, que limitan la posibilidad para que el Podemos influya con nuestra política, los comunistas tenemos que reconocer que, a pesar de las diferencias, estas no tienen un carácter de contradicciones antagónicas al interior del Podemos. Tenemos que reconocer lo nuevo que existe en la revalorización del aporte de los Humanistas y de otros aliados, en la existencia de un Programa común. En síntesis, no se desarrollará una unidad de verdad con otros sectores sino logramos fortalecer el Podemos, su orgánica, el rol del programa, que debe transformarse en el “faro” que alumbre la lucha antineoliberal.

La presencia del Podemos en cada una de las luchas de nuestro pueblo, son condiciones básicas para el avance de una construcción de mayorías, hay que agregar que respecto a nuestro vínculo político con la Concertación, obligatoriamente hay que caracterizarlos como un conglomerado pluriclasista, se repite, que los partidos de centro tienen influencia en las organizaciones de clase, estudiantiles, etc. La reciente experiencia de los estudiantes, el contenido unitario, transversal de la lucha contra la LOCE.

No descubrimos la pólvora cuando afirmamos, que nuestra política tiene que influir por abajo, a partir de su contenido de clase, esto es lo principal, y no excluye las iniciativas por arriba, estas ayudan, pero no tienen consistencia y futuro si por abajo no le damos sustento. Los estudiantes nos enseñan.

También sabemos que la derecha tiene una base social que históricamente no tenía. Con demagogia y con recursos han logrado engañar a muchos proletarios, que no distinguen quién es su enemigo real. La discusión estudiantil avanzó e instaló un claro contenido democrático cuando mayoritariamente afirma que hay “que democratizar la educación y mañana la sociedad”. La discusión política ideológica logra instalar estos conceptos transversales.

Existen en la sociedad amplios sectores que aparentemente no están ni ahí, cuántos son los que no quieren participar, no se inscriben, ¿Qué hay detrás?, No están ni ahí, o tienen desconfianza de cómo se manejan las cosas en esta democracia limitada y excluyente. Este amplio sector tiene que ser objeto de nuestra preocupación de política de masas, en la construcción de la mayoría activa que necesitamos construir.

Queremos concatenar la idea que en este período de transición la influencia de nuestra política de masas y capacidad orgánica es menor inclusive que en la lucha contra la dictadura. La disminución del conjunto de nuestras capacidades (político, social, militar), nos plantean un profundo desafío. ¿Cómo nos colocamos verdaderamente a la altura de las necesidades?.

En la evaluación de nuestras políticas desde el XXII Congreso agregamos que, respecto a la conclusión de la Convocatoria de que no hemos logrado plenamente el viraje como nos propusimos hace cuatro años, ha sido claramente insuficiente la aplicación del viraje. Obviamente falta una autocrítica real en la que hay responsabilidades del conjunto del Partido, de nuestras Direcciones y, especialmente, del CC.

En este sentido, la Convocatoria no realiza un examen del actual estado del Partido y de las capacidades para producir un real viraje. Sumando un elemento grave, que fue mencionado por la compañera Gladys en el Diego Portales, respecto a “que no hemos cumplido con una de las resoluciones del XXII Congreso, que habla del contenido permanente de nuestra política militar”. En este Congreso tenemos que examinar autocríticamente ambos elementos.

La posibilidad de construir una convergencia político social de mayoría, ¿en qué se afirma? ¿cuál es el sustento?. Cuando se trata de generar una correlación alternativa al modelo neoliberal, si no se “afirma” en un proyecto programático como es el programa del Podemos, no tiene posibilidad de materializarse, agregando que el proyecto Podemos es una proposición que nace desde la izquierda para ser debatida, mejorada en una franca discusión político-ideológica. El Programa del Partido, y del Podemos en particular, son nuestra propuesta a la Patria. La tarea de hoy, con miras al 2010, debería ser: “Asamblea Constituyente. Un Bicentenario con una Constitución verdaderamente democrática para Chile”.

Un Partido para la Revolución

La educación política, el desarrollo teórico de todo el partido debe ser una tarea prioritaria. Se requiere que sea acometida con una sistematización nueva e inmensamente más potente que todo lo hecho hasta ahora. La recuperación teórica del partido tiene carácter estratégico. Nada de lo que nos planteemos será posible de realizar sin una organización teórica y técnicamente capacitada.

Se necesita un nuevo diseño para la educación partidaria, que logre abarcar a la totalidad de los militantes. Se debe construir una red de cursos, cursillos y escuelas que operen a nivel de todo el país y de una verdadera malla curricular nacional.

La educación del partido debe ser una verdadera cruzada que arroje luz sobre todas las incógnitas y desafíos que nos plantea la realidad política, económica, social y militar, tanto nacional como del mundo.

Debe haber un especial esfuerzo por reencontrarnos con los clásicos directamente. Es decir, redescubrir el marxismo leninismo en sus propios autores. Pero también estudiar los avances en la elaboración teórica, logrados por diversos investigadores y pensadores revolucionarios. Otro tanto se requiere con el pensamiento de gran des figuras de las luchas independentistas y antiimperialistas latinoamericanas.

Es necesario incluso rescatar y defender conceptos revolucionarios que la propaganda de la cultura dominante, la cultura del imperio y de las oligarquías, han estigmatizado como “pasados de moda”, lo que ha sido recogido por todos aquellos que bajo la bandera de la renovación, para terminar convertidos en sirvientes y defensores del modelo imperante.

Los efectos de esta corriente también penetró al partido profundamente. De otra manera no sería posible entender el abandono de del uso de conceptos propios del pensamiento revolucionario y comunista, como es la propia expresión de proletariado, por ejemplo.

La política del partido sólo es posible materializarla por miles de hombres y mujeres, dotados de conocimientos y capacidades especiales, que los hagan portadores de las ideas organizativas y de lucha hacia el pueblo. Se trata de los cuadros, cuyas capacidades debe ser potenciadas mediante una incesante labor educativa del partido en todos sus niveles.

Para llevar adelante nuestra política necesitamos de un instrumento adecuado a sus exigencias. El Partido está muy por debajo de dichas necesidades. Al desarme práctico de las estructuras creadas en torno a la PRPM, fuesen del FPMR o del TMM del Partido, se sumó el desarme ideológico y orgánico, que ayuda a mantener vicios de la clandestinidad como el “orden y mando”, que sustituye a los equipos de dirección por compañeros de “confianza” o que no causan “problemas”, y que debilita la formación de cuadros, su desarrollo y ascenso en las estructuras.

Hoy, más que nunca, necesitamos un partido enraizado en la masa, donde cada célula juegue a fondo su papel de organizador, conductor y educador del pueblo. Con dirigentes que sepan de esta labor y que no “guíen” el trabajo del Partido desde los locales. Un buen ejemplo debería ser la exigencia de que nuestros representantes en la CUT sean dirigentes con real fuerza en las bases, que en el momento en que la máxima organización de los trabajadores se plantee una movilización nacional sea capaz de realizarla con gran apoyo de masas. Debemos terminar con los dirigentes “fabricados”, sin sindicato base ni estructura real. Ejemplos positivos tenemos por montones: dos dirigentes en los subcontratistas del Cobre, otros más en el mismo CODELCO, en los portuarios, en el Colegio de Profesores, en la ANEF, en ENAMI, en los salmoneros, etc. De esta forma también se contribuye a la revalorización de la CUT, desprestigiada al máximo por su “consenso de clases” y el burocratismo actual.

El Partido, y por tanto cada uno de sus militantes, deben estar al tanto de todo lo que se hace en su interior, tener cuentas claras en lo financiero, orgánico, de masas y militar. Planificación y control para asumir planes concretos y con acabado conocimiento de la realidad local, lo que podría traducirse en la reconformación de Comités Locales que ayuden al trabajo de cada Comunal.

El estudio, como trabajo personal y colectivo planificado, debe ser una de las principales responsabilidades de cada militante, como también el que cada estructura tenga claro qué cursos ha pasado satisfactoriamente cada militante. La fraternidad, el real funcionamiento del centralismo democrático y del intelectual colectivo, la crítica responsable y no formal, la honestidad y la transparencia, la discusión a fondo y sin dobleces, deben ser parte de la construcción de este partido revolucionario, pues son la única forma de garantizar su unidad de acción. Un partido hecho para la revolución debe obligatoriamente constituirse en una unidad político-militar desde su dirección hasta sus bases.

Por un Partido Comunista a la altura de la situación histórica

Adelante con el XXIII Congreso

Taller de Estudios Políticos

Luis Emilio Recabarren

Septiembre 2006

14 de agosto de 2007

Taller de Análisis Militar «Oscar Riquelme»

En el segundo número de la Revista Principios, considerando
la masiva y positiva respuesta de militantes y dirigentes del
Partido, el Taller de Análisis Militar «Oscar Riquelme» (Viejo
Pablo) ha querido, desde este espacio, hacer un aporte a la
discusión de nuestro XXIII Congreso entregando algunas
consideraciones sobre los cuadros militares del Partido y la
necesidad de su plena incorporación a las tareas de hoy.

La definición de nuestro partido como un partido
de nuevo tipo, un partido leninista, formulada
a poco tiempo del congreso del 1 y 2 de enero
de 1922, implicaba una profunda y completa
definición del carácter de nuestra organización.
Se decía por nuestros organismos dirigentes, y
fue parte de la riqueza teórica del partido, que el
ser un partido de nuevo tipo significaba, entre
sus características principales, el que era una organización
de clase, el partido de la clase obrera.
Esto no fue una definición antojadiza. La
clase obrera, de acuerdo a nuestra concepción
marxista, era portadora –decimos era porque al
parecer para los nuevos ideólogos y dirigentes
del partido, ya no lo es- de contenidos sociales
y económicos, que la hacían una fuerza motora
de la transformación de la sociedad, por ser fundamental
en el proceso productivo capitalista,
ya que sin ella resulta imposible la producción
de bienes y servicios, y en definitiva de riqueza,
por ser el trabajo humano la fuente de toda
riqueza; por participar masivamente en los procesos
productivos. Es decir en grandes industrias
y a escala de toda la sociedad, pues como
grupo humano era el principal soporte de la economía.
Es decir, participaba socialmente en la
producción de riqueza. Esa actuación colectiva
la convertía en portadora de una nueva forma
de orden y organización social y económica: la
colectiva.

Un segundo rasgo determinante del carácter de
nuestro partido, era que se organizaba como partido
de clase para luchar por la conquista del
poder, justamente para esa clase a la que pertenecía
e impulsar un proceso de transformaciones
revolucionarias en el país, tocantes a la economía,
la política y la sociedad toda. En definitiva,
la construcción de una sociedad socialista
en nuestra patria.
Otro aspecto propio del carácter del partido de
nuevo tipo, era su forma de organización y la
disciplina interna, basado en las normas
leninistas de organización (Dirección Colectiva,
Centralismo Democrático y Crítica y
Autocrítica, detrás de las cuales se alinean la
unidad de acción, la dirección única, el trabajo
colectivo, la disciplina consciente y la estrecha
vinculación con las masas).
Un rasgo propio de una organización que se inspira
en el marxismo leninismo es, entre otros,
el dominio de todas las formas de lucha y la
capacidad de pasar de unas a otras de acuerdo
lo exijan las circunstancias. Así lo señala el propio
Lenin en su trabajo “El Izquierdismo, Enfermedad
Infantil del Comunismo”, no para
hacer de sus contenidos un dogma, sino por el
contrario, recoger toda la riqueza de lo que son
las más variadas formas de lucha, su conocimiento
y aplicación creativa de acuerdo a las leyes y regularidades propias del desarrollo de
la lucha de clases.
De allí que la constatación del llamado vacío histórico
en la línea de nuestro partido, luego de la derrota
del gobierno de la Unidad Popular, no hizo
más que poner en evidencia uno de los principales
elementos de una crisis político-ideológica
no resuelta. La constatación de que las clases dominantes
no permitirán un cambio económico y
social que las erradique del poder y control total
de las riquezas de la nación y privilegios que ello
conlleva, debió servir para efectuar una cabal corrección
en la concepción y la línea de nuestra
estrategia.
Por eso la importancia que reviste estar armados
ideológicamente. Es lo que permite concebir una
estrategia correcta, especialmente acorde con la
teoría y práctica, nacional e internacional de la
lucha de clases.
Por todo lo anterior, la cuestión militar, lo atingente
a la fuerza, son elementos integrantes de
toda estrategia política y especialmente de la revolucionaria.
Sin embargo, la formación de oficiales
y especialistas militares en nuestro partido,
no surgió inspirada en una sólida definición
estratégica. En primer lugar porque el impulso
vino desde afuera. Es decir, no fue una ocurrencia
o fruto de la elaboración teórica y estratégica
de nuestra organización o alguno de sus órganos
dirigentes. A pesar de que existía una gran sensibilidad
e interés al interior del partido y juventud
por esas materias. Por eso, cuando surgió la
tarea de formar cuadros militares, encontró respuesta
entre parte importante de la militancia.
Pero se vuelve a cometer otro pecado capital: no
sensibilizar a todo el partido para este esfuerzo,
no prepararlo ideológicamente, no capacitarlo
militarmente. En resumen, no hacerlo actor pleno
de la nueva etapa de la lucha. Se deja el quehacer
en manos de los especialistas y el partido
pasa a ser una fuerza de apoyo a las acciones
combativas. Incluso las unidades de combate
del partido representaron grupos aislados –no
sólo por la compartimentación- sino que en su
cometido.
Estuvo escasamente presente en la lucha contra
la dictadura el concepto de masa armada, uno de
los componentes esenciales de todo levantamiento
popular, puesto que las rebeliones no son obras
de pequeños grupos de especialistas. En tal sentido
fueron omitidos de la práctica la construcción
de un ejército político de la revolución
antidictatorial y del correspondiente ejército revolucionario
del pueblo, al que teóricamente debían
converger las organizaciones que desarrollaban
acciones combativas contra la dictadura,
con todas sus fuerzas y medios, incluida la fuerza
militar propia; los grupos y elementos que se
desprendieran de las Fuerzas Armadas y finalmente
al que se debía incorporar a la masa armada,
es decir al bajo pueblo, a trabajadores, pobladores,
estudiantes, campesinos, hombres y
mujeres en armas. Cuestión que demanda un proceso
de construcción y trabajo que no estuvo presente
en los esfuerzos para derrocar a la tiranía.
La formación de oficiales y otros especialistas
militares debió ser parte de una maduración estratégica
superior, que apuntaba al derrocamiento
del régimen dictatorial y la constitución de
nuevas Fuerzas Armadas.
La experiencia adquirida por quienes recibieron
formación militar profesional, convirtiéndose
en oficiales, que además adquirieron experiencia
combativa en guerras de verdad, chocó
inevitablemente con la precariedad, no del
conjunto del partido, sino especialmente con la
disposición de los órganos de dirección de éste
y sus integrantes. Luego no es culpa de la
militancia, exclusivamente, no estar preparada
para asimilar todos los contenidos de una política
militar revolucionaria.
Un reflejo de lo dicho, fueron las declaraciones
del compañero Guillermo Teillier, presidente de
nuestro partido, en cuanto que la formación de
militares profesionales por nuestra parte, obedecía
al “propósito de ayudar a la reestructuración
y llenar un vacío que se produciría en las FF.AA.
frente a una salida democrática en el país”.
Los oficiales profesionales capacitados por las
escuelas matrices de varios países socialistas, trabajaron en unidades militares de aquellos, fueron
profesores en escuelas de cadetes y adquirieron
experiencia combativa en países como
Nicaragua, Angola, El Salvador y Colombia.
Algunos de los cuales recibieron preparación en
academias superiores retornaron al país para integrarse
al FPMR, ocupando las más altas responsabilidades,
o asumiendo responsabilidades
en el TMM del partido u otras instancias partidarias,
en un esfuerzo por permear al partido
ante los enormes desafíos de la gran tarea de
derrocar a la dictadura.
El paso del tiempo, las experiencias vividas
en el país, mostraron que la actividad militar
estuvo orientada esencialmente desde un punto
de vista táctico, carente de visión estratégica.
Gran parte de nuestro accionar tuvo
como objetivo generar hechos políticos relativos
a la contingencia, sin que se cimentara
la construcción de una fuerza con proyección
estratégica, que se consolidara en el tiempo
en el proceso de acumulación de fuerzas para
definir, cuando surgieran las condiciones objetivas,
el problema del poder.
Tales condiciones quedaron en evidencia
cuando triunfó la opción NO, en el plebiscito
de 1988, y ese éxito se ratifica más tarde en
el triunfo de las elecciones presidenciales de
1989, en que ganó Patricio Aylwin, con la participación
electoral de cientos de miles de personas
contrarias a la dictadura. El análisis del
partido daba cuenta de la intervención norteamericana
en la configuración del nuevo escenario,
del papel jugado por la DC y el acomodo
del PS, lo que nos dejaba al borde del
aislamiento. Pero el aislamiento del partido
ya estaba definido. Era una imposición norteamericana
a la que accedieron incluso antiguos
aliados.
Sin embargo, la pregunta sobre un eventual
aislamiento del partido si emprendía una lucha
frontal contra la dictadura, que incorporara
el elemento militar en la perspectiva de
un levantamiento popular que arrojara al tirano,
estaba en el tapete desde antes que se
anunciara la Política de Rebelión Popular de Masas (PRPM) y, cuando se optó por iniciar
ese camino, representaba un desafío, un elemento
más del escenario, pero no una amenaza
que aconsejaba abandonar la idea. Por
lo tanto, el tema de fondo no era quedarnos
solos o no. Más aún, si consideramos la actuación
en la lucha contra la dictadura de diversas
organizaciones, el aporte del partido y
el despliegue del accionar combativo, fuera
éste del FPMR o de estructuras partidarias
propiamente, jugó un papel determinante. Fue
esto y no otra cosa, lo que llevó a la mesa de
negociaciones a la Concertación, al militarismo
y a los EE.UU., que los reunió a todos.
La forma en que se enfrenta este escenario,
vuelve a demostrar que la intención de constituir
una fuerza militar no perseguía fines estratégicos
o al menos estos no existían.
Otra muestra de ello fue el acelerado proceso
de desarme y desmantelamiento de las estructuras
militares emprendido por la dirección
del partido, que no correspondía a un repliegue
táctico, como se intentó presentar dicho
esfuerzo.
Por todo lo anterior resulta especialmente molesto,
aunque muy ilustrativo, lo dicho por el
compañero Teillier a Diario Siete (semanas
antes de que lo cerraran), en cuanto a que
nuestros oficiales podrían perfectamente incorporarse
a las FF.AA. La opinión formulada
con bastante liviandad al parecer, no contempla
el carácter de clase de los institutos
armados del país, las que preservan sus roles
fundamentales de guardianes del orden
imperante que asegura lo más ancho del embudo
para los dueños del país y los más angosto
para el resto, el que deben garantizar
con las armas.
El destino de los cuadros militares y especialmente
de los oficiales no debiera estar precisamente
en las actuales FF.AA., pues su formación
no fue concebida para acomodarlos
en la institucionalidad impuesta a sangre y
fuego por la dictadura y preservada por los
gobiernos de la Concertación.

El papel de quienes fueron formados como militares
profesionales y quienes recibieron otros
niveles de formación militar, debiera estar orientado
a la actualización de sus conocimientos, al
estudio e investigación de los asuntos relativos a
la defensa nacional y de la fuerza pública, así
como a la elaboración de propuestas sobre cada
una de estas materias. Pero por sobre todo, sus
capacidades debieran contribuir al desarrollo del
conocimiento y dominio de las materias militares
por el conjunto del partido, de modo que se
potencie la elaboración colectiva partidaria de
los asuntos relativos al papel de la fuerza en los
procesos sociales, sus características, vías y formas
de implementación.
El rol y ubicación de quienes tuvimos el alto
honor de asumir una función militar en la lucha
de nuestro pueblo contra la dictadura, es algo que
no merece ser tratado con la liviandad que hasta
ahora ha sido característica por parte de la dirección
de nuestro partido. El trato recibido a lo largo
de años ha generado, en muchos de nosotros,
grados crecientes de desconfianza sobre los máximos
órganos de dirección.
En resumen, consideramos indispensable el rearme
de la conciencia del partido, no para la vulgarización
del quehacer y el hacer militar en la
lucha social, sino por el enriquecimiento en la
elaboración colectiva de toda clase de iniciativas
organizativas, como de lucha, en la elaboración
de doctrina y en la incorporación y despliegue
de la metodología militar revolucionaria en
la planificación y conducción de las más variadas
iniciativas. No se trata de una militarización
del partido, sino de potenciar todas las capacidades
existentes de un modo totalizador, es decir,
aplicando una visión leninista de la totalidad del
trabajo y desarrollo partidario. Se trata de la
interrelación dialéctica de todos los componentes
de una auténtica política revolucionaria, en
el entendido de que las condiciones objetivas no
se decretan y es respecto de ellas que adquieren
mayor importancia unas u otras formas de lucha.
Pero lo definitivo es que el partido revolucionario
debe dominarlas y estar capacitado para
pasar de unas a otras según lo requieran las condiciones
de lucha.

Cuando no se cumple con estas condiciones, la
organización se distancia de las cuestiones militares
y, cuando surge la necesidad de aplicarlas,
están fuera de alcance y aparecen por tanto como
un elemento ajeno a nuestra política y de tan ajeno,
pasan a ser una amenaza a nuestra política,
pues no las conocemos y sólo sabemos que implican
demasiados riesgos, debido a que siempre se
teme mucho más a aquello que no se conoce. Más
aún, en la política revolucionaria en general la improvisación
no suele ser un aporte consistente y,
cuando se trata del componente militar, la improvisación
es sencillamente suicida.
En esta dirección el partido debiera realizar esfuerzos
que posibilitaran el correcto aprovechamiento
de estos militantes. Todos debieran militar
en células y constituir un aporte para cada
órgano de dirección del partido, sean comunales
o regionales, además de una coordinación
centralizada que asegure el mejor rendimiento
de este potencial.
La aplicación de medidas para incorporar
este significativo grupo de militantes y los
cuadros que levantaron y aplicaron la PRPM,
permitiría sumar un conjunto de capacidades
hoy dispersas y una importante recuperación
de cuadros, que recibirían y enviarían
a la vez, una importante señal respecto al
asentamiento de una apolítica coherente y revolucionaria.
Adelante con el XXIII Congreso,
por un Partido para la Revolución.
Con Luis Emilio Recabarren,
Víctor Díaz López, Gladys Marín
y todos nuestros héroes en el corazón
¡mil veces venceremos!

Comité Editorial
Revista Principios
Julio, 2006.

Un poco de Historia

Hace 92 años, en el local del diario El Despertar de los Trabajadores en Iquique, una treintena de obreros fundaron el Partido Obrero Socialista que, diez años después, cambiaría su nombre a Partido Comunista de Chile.

En su primer Programa establece: «El Partido Obrero Socialista expone que el fin de sus aspiraciones es la emancipación total de la Humanidad, aboliendo las diferencias de clases y convirtiendo a todos en una sola clase de trabajadores, dueños del fruto de su trabajo, libres, iguales, honrados e inteligentes, y la implantación de un régimen en que la producción sea un factor común y común también el goce de los productos».

Mucha historia ha transcurrido desde esos días de lucha clandestina en las salitreras nortinas. El Partido ha sido actor principal en los avances democratizadores y en la adquisición de derechos en favor de los trabajadores, las mujeres y los jóvenes. Ha formado parte de diversas alianzas, siempre poniendo en el centro los intereses de la clase obrera, como el Frente Popular, que llegaría a la presidencia con Pedro Aguirre Cerda; La Alianza Nacional Antifascista, que apoyaría la candidatura de Juan Antonio Ríos (en ambos casos el Partido no formó parte del gobierno); el Frente de Acción Popular y la Unidad Popular, que llevaría al pueblo a La Moneda con la victoria de Salvador Allende. Esa historia ha sido construida con el aporte de miles de comunistas, entre ellos Luis Emilio Recabarren, Elias Lafferte, Galo González, Oscar Astudillo, Ricardo Fonseca, Américo Zorrilla y Julieta Campusano.

DEFORMACIONES SOCIALDEMÓCRATAS

En el IX Congreso del Partido (1945), se constataron deformaciones en la aplicación de la línea política que consistían en “una tendencia a la colaboración y a la conciliación con la burguesía bajo la Alianza Nacional (…) el Partido no había ligado suficientemente la lucha por la solidaridad con la URSS y los aliados, con la lucha por eliminar el latifundio, el dominio imperialista y por las reivindicaciones de las masas, las que así en parte quedaron desatendidas, con lo cual la influencia del partido en ellas se estancó”. Rasgos similares a los que se observan en la actual crisis de conducción del Partido y que nos han llevado a tener una baja presencia en el movimiento de masas.

Luego vino la decisión de apoyar la candidatura del Radical Gabriel González Videla, gobierno en el cual el Partido tuvo tres ministerios pero que culminó con la traición de éste y la ilegalización del Partido, tras la represión desatada por la Ley de Defensa de la Democracia, conocida por todos como la Ley Maldita.

De este período se saldría fortalecido por la decisión de no abandonar la lucha de masas y la presencia activa en las organizaciones del pueblo. Aún clandestinos se participa en la formación del Frente del Pueblo y en la primera candidatura a la presidencia de Salvador Allende. Recobrada la legalidad, tras la formación del Bloque de Saneamiento Democrático, el Partido contribuye a la fundación del FRAP, apoya el segundo intento de Salvador Allende, quien pierde de manera estrecha con el candidato derechista Jorge Alessandri, lo que se repite en 1964 por la bajada del candidato derechista y su apoyo al reformista DC Eduardo Frei Montalva.

TRIUNFO Y DERROTA DE LA UP

Sin embargo, la creciente necesidad de cambios en la sociedad chilena era tan urgente, que la actuación de los comunistas permitió el incremento de nuestra influencia, haciendo avanzar la unidad del pueblo, la movilización social y la construcción de una alternativa político-social, en la que el Partido es pilar fundamental, que llevará al triunfo a la Unidad Popular, con Allende a la cabeza, en el punto más alto de la democracia en Chile, con el aporte intenso y comprometido de todos nuestros militantes.

Este proceso se verá violentamente cortado por el golpe de Estado de 1973 que, entre muchas otras cosas, marcó en lo fundamental para los comunistas chilenos el comienzo de una crisis que hasta hoy no ha sido resuelta. Se trata del peso adquirido por una visión reformista sobre el proceso revolucionario que debería tener lugar en Chile, producto de deformaciones que no fueron oportunamente corregidas. Ello se vio reflejado contundentemente en la débil formulación de un proyecto de defensa del gobierno de la Unidad Popular, respecto a lo que se ha dado múltiples explicaciones, llegando a concluir en la existencia del llamado “vacío histórico”.

En este momento histórico, sin haber establecido claramente y a fondo la totalidad de las causas -y especialmente las de nuestra mayor competencia-, sobre la caída del gobierno popular, surge la urgencia de enfrentar los golpes represivos de la dictadura, obligando a debatir menos –o nada- y a intentarlo todo por terminar con el régimen.

Cuadros obreros de la talla de Víctor Díaz, Mario Zamorano, Uldarico Donaire, Bernardo Araya y Fernando Ortiz, caen en las garras de la dictadura y son hechos desaparecer. Algo similar ocurre con la Jota, donde la traición del Fanta, Basoa y otros, termina con las vidas de Checho Weibel y Carlos Contreras Maluje, entre tantos que podían convertirse en el relevo de los dirigentes asesinados.

La disciplina más rigurosa, impuesta por la lucha clandestina, impidió el adecuado desarrollo de un debate amplio y de la profundidad requerida. Ello se tradujo en la imposibilidad de adoptar las medidas más acertadas para superar la crisis puesta de manifiesto por la derrota política y militar sufrida el 11 de septiembre de 1973. De manera que, sin adoptar todas las medidas rectificadoras, pasamos a una nueva fase de nuestra lucha: la de la Política de Rebelión Popular de Masas.

LA PRPM

Enunciada ésta en 1980, por el Secretario General, compañero Luis Corvalán, hizo evidente las diversas visiones existentes en su interior, siendo objeto del rechazo solapado de no pocos cuadros del Partido, entre ellos, dirigentes como Ernesto Ottone, quien había sido hasta hacía poco presidente de la Federación Mundial de las Juventudes Democráticas (FMJD), posición compartida por otro dirigente de las Juventudes Comunistas, Patricio Hales.

¿Cuántos más cómo ellos fueron opositores resueltos de la PRPM y, por lo tanto, cuánto se esforzaron ya fuera por su éxito o su fracaso? Otras figuras de similar posición fueron los miembros del Comité Central José Rodríguez Elizondo y Luis Guastavino.

Así, mientras se produce la partida de un grupo que asumió posiciones socialdemócratas, se mantiene en el Partido otro sector que asume relativizar las resoluciones y, por último, asumir la PRPM y la construcción de la Fuerza Propia sólo como una forma de “asustar” a la dictadura para obligarla a negociar una salida.

Entre tanto, en el intento por rectificar el “vacío histórico”, se optó por la formación de cuadros militares sin contar con una visión clara acerca del proyecto que se pretendía impulsar. Tampoco había existido, en la historia anterior del Partido, un diseño estratégico en el cual pudiesen servir los conocimientos adquiridos y practicados, entre otros, por los destacados compañeros Oscar Riquelme (el Viejo Pablo), Carlos Toro o Felipe “Mao” Rivera.

Efectivamente, la nueva etapa en la formación de especialistas militares comenzó en 1975, sin imaginar todavía que cinco años más tarde se anunciaría la PRPM. Por lo demás, el impulso de esta iniciativa no vino precisamente desde el interior del Partido. Incluso, el proceso de formación de estos especialistas registró varias crisis durante su proceso de desarrollo, esencialmente por la ausencia de una visión estratégica, que fue sustituida por la buena intención manifiesta de que estos cuadros formarían el “nuevo ejército” que surgiera tras el derrocamiento de la dictadura. Pero primero faltaba, precisamente, el diseño estratégico para este fin fundamental.

Es sólo después del triunfo Sandinista en Nicaragua, que surge la concepción de una posible sublevación nacional, contando con actores similares en cuanto a constituir un amplio frente armado (muy similar –o igual- al sandinista) que encabezara las acciones.

De tal suerte, esta vez serían los técnicos capacitados profesionalmente, quienes vendrían a resolver el atraso del Partido adquirido a lo largo de décadas de lucha en que siempre fue minimizado el componente militar.

Incluso, el diseño defensivo elaborado antes del golpe, con la formación de los “grupos chicos”, constituidos por especialistas destinados a operaciones puntuales para contener una acción golpista, no dio cuenta de las verdaderas amenazas que acechaban al Gobierno Popular.

Ningún general, en ninguna parte del mundo debe minimizar las amenazas y, por tanto, las contra medidas. La defensa armada del Gobierno Popular no fue una tarea de todo el Partido, por lo que el trabajo militar no fue previsto como una cuestión de masas. De algún modo esta visión también actuó durante el desarrollo de la PRPM.

El cúmulo de tareas surgidas de un proyecto en que pensábamos estaba embarcado todo el Partido, sin excepción, nos hacía creer que efectivamente todos estábamos en lo mismo y que lo más importante era cumplir las tareas que emanaban del trazado realizado para terminar con la dictadura. Todo lo que fuera análisis y debate era postergado, no era urgente, por más que lo considerásemos necesario. La justeza de rebelarnos contra la tiranía fue para muchos, posiblemente para la mayoría de los militantes, una definición más que suficiente y que no requería de mayor debate. Mucho menos se hacía el tiempo para examinar los acontecimientos que precedieron a la derrota de 1973.

SALIDA PACTADA

Desde aquellos días se minó la base de lo que es un partido revolucionario, rompiendo la unidad de acción. La rigurosidad de la dictadura y el trabajo clandestino fue, a su vez, utilizado para deformar el centralismo democrático, dando paso al “orden y mando” y rebajando la importancia del intelectual colectivo.

A la derrota de la Unidad Popular, se vino a sumar el proceso que termina en la salida pactada con la dictadura y el quiebre del FPMR. Poco tiempo después se derrumbaría el “Socialismo Real”, dejando otro inmenso vacío. Un grupo, que se había constituido como fracción al interior del Partido, asume gran parte de la dirección, tomando la decisión de desarmar las estructuras militares y, junto con el desarme técnico, comenzar un proceso de desarme ideológico y moral. Las estructuras del Partido se burocratizan y una gran mayoría de las células pierde su calidad de conductoras del movimiento de masas. La crisis afecta al movimiento sindical, estudiantil y poblacional, pues no se desarrollan líneas gruesas de acción dirigidas a enfrentar el nuevo escenario.

SECRETISMO Y DESPRESTIGIO

El Partido se va desgastando en peleas intestinas y personalizadas, alejándose un número importante de cuadros al sentir que chocan contra una muralla, una máquina en realidad, que se ha adueñado del Partido.

Surgen grupos como el encabezado por Rodrigo Roco, desde las JJ.CC. en la U. de Chile, que aplican políticas reformistas hacia el movimiento estudiantil, las que eran diseñadas por dos actuales miembros de la Comisión Política, uno de ellos el actual Secretario Regional responsable del desastre en el Distrito 46.

Así como en el caso de la Octava Región, muchos dirigentes impuestos desde la Comisión Política no tienen prestigio alguno entre los militantes. Ejemplos graves sobre esto mismo, son el hecho de que el responsable político del trabajo en la alcaldía de San Fernando sea hoy el Encargado Nacional de Organización del Partido, o que tras los cambios de los dirigentes de la CUT -aún no informados al Partido-, la medida de cambiar al Tesorero Nacional a Comunicaciones, por situaciones poco claras con los dineros de los trabajadores, sea premiada con el cargo de Encargado Nacional Sindical del Partido.

Se convierte así en costumbre el hecho de premiar el mal trabajo y la irresponsabilidad con nuevos cargos en la estructura partidaria.

Otro hecho no informado al Partido, es el cambio de director en nuestro semanario El Siglo, donde algunos integrantes de la Comisión Política impusieron a alguien que no es militante comunista, hecho por el cual, en la oportunidad en que el director de El Siglo pasó a ser Encargado Nacional de Comunicaciones, el Comité Central había rechazado tal proposición.

Es así como la organización fue convertida en un campo de batalla entre grupos y personas, unos por penetrar y ser parte de la máquina, otros desde su interior, por excluir a los primeros. Y todos ellos, unos contra otros, por conquistar nuevas cuotas de poder, o aumentar las que ya poseen, afectando las confianzas y el funcionamiento de todo el Partido.

¿JUNTOS PODEMOS?

Hasta diciembre de 2005, la construcción del PODEMOS, el Juntos PODEMOS y el Juntos Podemos Más, había abierto grandes expectativas entre nuestros militantes y un número importante de gente de izquierda. Sin embargo, poco a poco se fue mostrando el verdadero camino que quería recorrer el grupo que tiene tomada la dirección del Partido y se llegó a la decisión de votar en segunda vuelta por Michelle Bachelet, dando argumentos que justificaban la opción por “el mal menor”. Dicha decisión fue impuesta por este grupo al Comité Central primero, y luego a las bases partidarias, con diversas maniobras que no

permitieron una real discusión de comunistas, como ha pasado reiterativamente en los pasos que ha dado el Partido en los últimos años.

Finalmente, la dirección aparece muy cercana al gobierno, con entrevistas frecuentes con las autoridades, mientras se aleja de la movilización social.

Toda la política aparece centrada en el fin del Sistema Binominal, como si con ello se solucionara el fondo del dilema entre democracia y neoliberalismo, mientras se deja en punto muerto la construcción del sujeto político y social antineoliberal que se suponía el motor de los cambios en esta etapa. Se reúnen firmas de notables y se sacan fotos con parlamentarios y autoridades, mientras el movimiento social sigue haciendo su camino.

Existiendo las condiciones para desarrollar un fuerte movimiento de masas, se deja de lado esta opción, cuando lo evidente es que con esa fuerza y el factor subjetivo que debe integrar el Partido, se puede avanzar en ganar batallas incluso en medio de un gobierno de corte netamente neoliberal.

El “viraje”, un intento por corregir en algo las graves deformaciones que nos han alejado de las masas y defendido tan fuertemente por la compañera Gladys Marín en el anterior Congreso, no se ha hecho realidad. La mayoría de los dirigentes sigue militando en células prefabricadas y no hay políticas para devolver al Partido su raigambre obrera y de masa.

En las resoluciones del penúltimo Pleno del CC se señala: “Los Congresos del Partido definieron que la contradicción principal a resolver en nuestro país es entre democracia y neoliberalismo y formularon la Revolución Democrática como objetivo histórico estratégico”.

Sin embargo, finalmente se deja al descubierto el real viraje que se pretende dar al Partido, aventurando ya la decisión de lo que debería ser debate del nuevo Congreso, al decir: “Para hacer avanzar ese objetivo estratégico, nos proponemos como objetivo político de los próximos años acumular fuerzas con el objetivo de alcanzar un gobierno democrático que lleve a cabo profundas reformas antineoliberales, trabajando a partir del JPM para posibilitar la unidad de todas las fuerzas políticas y sociales consecuentemente democráticas tras ese objetivo, incluídos aquellos SECTORES DEL CENTRO POLITICO que

decidan apartarse de las políticas neoliberales”. En resumidas cuentas, una nueva candidatura de la Concertación que apoye algunas reformas podría ser nuestra próxima alianza, entendiendo que, con alguna modificación al Sistema Binominal, un par de “nuestros” cuadros de dirección formarían parte del Parlamento.

De esta forma, se hace caer al Partido a posiciones que ni siquiera se tuvo antes de reconocer el denominado “vacío histórico”, pues esta decisión está acompañada de la pérdida absoluta de nuestra capacidad de incidir en las masas. Otra vez se ponen las cosas al revés, pues la única forma -incluso de elegir parlamentarios- es nuestra fortaleza en el movimiento de masas. Durante el gobierno de Frei Montalva, mientras algunos le negaban la sal y el agua, el Partido supo ponerse a la cabeza de empujar las transformaciones a favor del pueblo, incluso saliendo a la calle para defender dicho gobierno de una intentona golpista. Pero para eso hay que construir la correlación de fuerzas que permita avanzar en las conquistas populares y no quedarse como invitado de piedra a mesas que no resuelven los problemas de fondo. ¡Qué gran lección nos han dando los jóvenes secundarios!

El mismo documento de resoluciones del Pleno del CC plantea, en su parte final, un nuevo golpe a la estructura celular del Partido, al consignar: “Hay que crecer sin formalidades, audazmente. Con ASAMBLEAS DE COMUNISTAS que tengan un accionar atractivo, cultural, educador”.

Todo indica que desean convertir al Partido, enredado en asambleas socialdemócratas, en un instrumento que sea capaz de meter bulla pero no de imponer los cambios profundos que Chile requiere. Hasta ahora lo han logrado, la movilización social y sindical pasa por los costados del Partido sin ser asumidas, desde la dirección, con el potencial que ellas mismas entregan para hacer frente al modelo y sus defensores.

Es necesario dar un vuelco en la situación, hacer nosotros lo que dicen ellos que quieren hacer y no hacen. Devolvamos su misión al Partido integrándonos cada vez con mayor fuerza al movimiento de masas, desarrollemos formas de autodefensa y de trabajo militar acorde a la situación actual, ayudemos a organizar Partido, a educar y formar nuevos cuadros, rescatemos la solidaridad y la fraternidad de los comunistas, revitalicemos la mística perdida ante tanto maltrato de la dirección, preparémonos a participar de este nuevo Congreso del Partido con la frente en alto y la alegría que nos da la lucha por un mañana mejor.

Nuestra intención no es personalizar la lucha, sino confrontar ideas y actos con la responsabilidad, fraternidad y honestidad que conocemos los comunistas para devolver a nuestro Partido al sitial de vanguardia del proletariado.

Como en tiempos de Lenin, decimos hoy: “Todo el poder a los Soviets”.

Con Recabarren, Víctor Díaz, Gladys Marín y todos nuestros héroes en el corazón ¡mil veces venceremos!

COMITÉ EDITORIAL

REVISTA PRINCIPIOS

Junio, 2006.